Es
casi unánime el repudio nacional por la labor, las opiniones, los turbios
manejos de dineros y dadivas a muchos de los congresistas, pero al parecer en
el momento de las elecciones olvidamos el gran aporte que han realizado estos
padres de la patria por el infortunio del país y de nuestras familias. Pero, no
es que los colombianos no tengamos memoria, la respuesta a esta falta de coherencia
entre lo que decimos en las redes sociales y nuestras actuaciones va mucho más
allá y es desconcertante. Somos una sociedad enferma donde las propuestas
electorales y los programas de gobierno deben ser entregadas junto a un
billete, una sociedad enferma de un cáncer corrupto que carcome la dignidad, el
respeto y el futuro de la nación.
Cientos de denuncias se escucharon por los
ríos de dineros que corrían en las campañas al Senado y la Cámara de
Representantes, pero nadie hizo nada por detener ese caudal de corrupción y más
bien las autoridades electorales fijaron un tope de gastos máximo de 300
millones de pesos, y de la noche a la mañana, sin ningún argumento válido
autorizaron un tope de 600 millones de pesos por cada candidato. ¿De dónde
salió tanto dinero? ¿Qué intenciones tienen los que pusieron millonarias sumas
en las campañas? Y lo más lamentable es que los colombianos vendemos nuestro
futuro por unas tejas, unos ladrillos, un sancocho o 50 mil pesos con el
argumento “es que acá se hace política así” o que esto es “normal”, así que
será muy normal que el Congreso legisle a su favor y que la corrupción siga
siendo nuestro más importante valor en la vida política del país. Las autoridades electorales están en duda con
Colombia.
El pasado domingo nueve de marzo se
demostró que muchas estructuras criminales y mafiosas siguen vigentes, así que es
un hecho: En el país del Sagrado Corazón el crimen si paga. Solo por dar unos
ejemplos; Teresita García Romero, Hermana del exsenador Álvaro García,
condenado a 40 años de cárcel por la masacre de 16 campesinos en Macayepo,
ahora está en el congreso, igualmente Mauricio Aguilar, hijo del ex gobernador
de Santander Hugo Aguilar condenado por parapolítica y Doris Vega esposa del
exsenador Luis Alberto Gil condenado a siete años por pactos políticos con el
Bloque Central Bolívar.
También repiten, el Honorable Senador José
David Name investigado por nexos con grupos ilegales y Pedro Muvdi investigado
por vínculos con las autodefensas del Cesar además denunciado por fraude
procesal.
Otro hecho para mirar con lupa de las
pasadas elecciones es la maquinaria que encendieron sin pudor los caciques
electorales de la costa como Musa Besaile Fayad, Bernardo Miguel Elías Vidal,
Roberto Víctor Gerlein Echeverría que solo en tres departamentos –Atlántico,
Córdoba y Sucre- donde habita el 9% de los colombianos obtuvieron el 26% de
todo el Senado de la República ¿Sera que este congreso si representa el país
entero? ¿Y la representación del Guaviare, Vichada, Caquetá, Putumayo dónde
queda?
En algunos casos la culpa es del sistema,
pero en la gran mayoría de los temas la responsabilidad es de los ciudadanos:
Muchos por un ventilador o un almuerzo comprometen los recursos y la
sostenibilidad de todo un país, otros tiene la abstención como un arma, muy
débil y poco contundente que no deja un mensaje claro, en estas elecciones
legislativas hubo una abstención de más del 44%, además de otro aspecto muy
preocupante que habla muy mal de nuestra democracia son los 2’328.182 votos
nulos o no marcados ¿Son complicados los tarjetones? O ¿nos gusta dibujarles
bigotes a los candidatos? No entiendo como alguien madruga un domingo, camina
hasta el puesto de votación y deja sin marcar o escribe sus quejas e insultos a
la clase política en un tarjetón.
¿Qué pasará con el futuro de los
colombianos? ¿Uribe llegará a cobrar viejas rencillas políticas y a polarizar
el país? ¿Qué otra desagradable sorpresa nos espera? Lo único que deseo ansiosamente
es ver un debate de Claudia López, Álvaro Uribe, Jorge Enrique Robledo y José
Obdulio Gaviria frente a frente, tal vez así suba el rating del Canal Congreso.