Opinión
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stamos ad portas de unas nuevas elecciones
presidenciales, particularmente polarizadas y cruciales, pues está en juego un
cambio de rumbo en aspectos económicos sociales y de política exterior, pero
estoy seguro que ninguno de estos aspectos variará, las elites simplemente
harán un relevo pero los cambios que permitirán una evolución como país no
pasaran por que somos una sociedad indolente donde prima el arraigado refrán
“más vale malo conocido, que bueno por conocer” que bastante daño ya nos ha
hecho. Y es que a pesar de estar hiperconectados y tener miles de fuentes de
información a la mano, siempre vemos el mismo noticiero, creemos en la misma
cadena de WhatsApp que nos manda la tía uribista y damos valides a noticias
falsas, solo porque están en línea con lo que pensamos y queremos creer, somos
crédulos y lo peor es que sabemos que es así pero no nos interesa porque vemos
la política como algo que no afecta nuestro día a día.
El sentimiento de descontento e indignación de los
colombianos hacia la clase política es casi unánime pero esa indignación es directamente
proporcional a nuestra indiferencia, pues no nos indignamos cuando votamos y
elegimos la misma politiquería o peor aún, no votamos porque creemos que el
voto el blanco se suma al candidato que va de primero o a las FARC (afirmación
que quedo desmentida en las pasadas elecciones parlamentarias donde este
partido obtuvo menos del 1 % de los votos) o quizá porque pensamos que nuestro
voto no cuenta, pero, echemos un vistazo: en Colombia hay habilitadas
36’219.940 personas para votar (Registraduría, 2018) y solo participo el 40.6 %
en la primera vuelta de las elecciones de 2014 donde santos fue elegido con
7’816684 votos. Y este año en las parlamentarias participo el 48, 82% del
potencial electoral, viendo estas cifras podemos pensar, tal vez, que la
democracia si sirve, solo que no nos hemos apoderado de ella. Ninguna sociedad
está condenada a repetir los errores del pasado, y los colombianos más por
omisión que por acción hemos tenido mala suerte, pero, merecemos un mejor
mañana que el que hasta ahora hemos tenido.
El mundo padece de un déficit ético, y para
empeorar el panorama, cada uno está en su zona de confort e indiferencia, pero
tengo la inútil esperanza que los colombianos salgamos del letargo y demos un
paso más para conocer nuestros candidatos sus propuestas y elegir a conciencia.
Estamos pues a tiempo de dar un vuelco a la
realidad, debemos apropiarnos de nuestro papel como ciudadanos, conociendo
nuestro país, su historia, y no quedándonos con la versión de los grandes
medios que cierran filas y publican encuestas amañadas, declarando como ganador
al uribismo, a pesar que los sondeos de opinión, las encuestas internas, las
plazas llenas y las universidades alborotadas muestran un Petro en ascenso, un
Fajardo en escalada sostenida, un Duque que cae como coco y un Vargas Lleras
que solo lo quiere la mamá, pues la gente no le llega si no les da plata.