viernes, 11 de mayo de 2018

La inútil esperanza de cambio


Opinión


E
stamos ad portas de unas nuevas elecciones presidenciales, particularmente polarizadas y cruciales, pues está en juego un cambio de rumbo en aspectos económicos sociales y de política exterior, pero estoy seguro que ninguno de estos aspectos variará, las elites simplemente harán un relevo pero los cambios que permitirán una evolución como país no pasaran por que somos una sociedad indolente donde prima el arraigado refrán “más vale malo conocido, que bueno por conocer” que bastante daño ya nos ha hecho. Y es que a pesar de estar hiperconectados y tener miles de fuentes de información a la mano, siempre vemos el mismo noticiero, creemos en la misma cadena de WhatsApp que nos manda la tía uribista y damos valides a noticias falsas, solo porque están en línea con lo que pensamos y queremos creer, somos crédulos y lo peor es que sabemos que es así pero no nos interesa porque vemos la política como algo que no afecta nuestro día a día.

El sentimiento de descontento e indignación de los colombianos hacia la clase política es casi unánime pero esa indignación es directamente proporcional a nuestra indiferencia, pues no nos indignamos cuando votamos y elegimos la misma politiquería o peor aún, no votamos porque creemos que el voto el blanco se suma al candidato que va de primero o a las FARC (afirmación que quedo desmentida en las pasadas elecciones parlamentarias donde este partido obtuvo menos del 1 % de los votos) o quizá porque pensamos que nuestro voto no cuenta, pero, echemos un vistazo: en Colombia hay habilitadas 36’219.940 personas para votar (Registraduría, 2018) y solo participo el 40.6 % en la primera vuelta de las elecciones de 2014 donde santos fue elegido con 7’816684 votos. Y este año en las parlamentarias participo el 48, 82% del potencial electoral, viendo estas cifras podemos pensar, tal vez, que la democracia si sirve, solo que no nos hemos apoderado de ella. Ninguna sociedad está condenada a repetir los errores del pasado, y los colombianos más por omisión que por acción hemos tenido mala suerte, pero, merecemos un mejor mañana que el que hasta ahora hemos tenido.
El mundo padece de un déficit ético, y para empeorar el panorama, cada uno está en su zona de confort e indiferencia, pero tengo la inútil esperanza que los colombianos salgamos del letargo y demos un paso más para conocer nuestros candidatos sus propuestas y elegir a conciencia.

Estamos pues a tiempo de dar un vuelco a la realidad, debemos apropiarnos de nuestro papel como ciudadanos, conociendo nuestro país, su historia, y no quedándonos con la versión de los grandes medios que cierran filas y publican encuestas amañadas, declarando como ganador al uribismo, a pesar que los sondeos de opinión, las encuestas internas, las plazas llenas y las universidades alborotadas muestran un Petro en ascenso, un Fajardo en escalada sostenida, un Duque que cae como coco y un Vargas Lleras que solo lo quiere la mamá, pues la gente no le llega si no les da plata.

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